La universidad en el siglo XXI: del conflicto al diálogo de civilizaciones

Marco Antonio Dias

Resumen


El comienzo de la década de 1960
fue testigo de una gran efervescencia
intelectual en toda América del
Sur, basada en la idea de que las
universidades no pueden permanecer
aisladas de los problemas de las
sociedades. Los movimientos
reformistas de ese momento se
basaron en la Reforma Córdoba de
1918, la cual estableció los elementos
básicos para las actividades en
defensa de la libertad académica y
la autonomía universitaria.
Los acontecimientos ocurridos en
mayo de 1968 despertaron a la
sociedad, revolucionó las costumbres,
y tuvo un gran impacto en la
organización interna de las universidades
- particularmente en la
referente a la existente entre
profesores y estudiantes. A escala
mundial, esto marco el final de la
era en donde la educación se
reservaba para una minoría aislada
de la sociedad. Esto, además, fue un
punto esencial de la Conferencia
Mundial de Educación Superior de
1998. El riesgo, actual, después de
ya pasados diez años, es que la
importancia de los conceptos de
calidad y pertinencia, siempre vistos
en conjunto, y de la Educación
Superior como bien publico, por
consiguiente abierta a todos sin
ninguna discriminación, se desvanezca.
“Bien público global” es un
concepto que algunas personas y
organizaciones apoyan, el cual trae
consigo la idea de un modelo único
y el desarrollo de principios de
acreditación que reconozcan como
instituciones de calidad aquellas
que adopten este modelo, en lugar
de aquellas que respondan a las
necesidades especificas de la
sociedad.
La Declaración de 1998 especifica
que la Educación Superior debe
fortalecer sus funciones al servicio
de la sociedad y, más concretamente,
sus actividades en búsqueda de
erradicar la pobreza, la intolerancia,
la violencia, el analfabetismo, el
hambre, preservando el medioambiente
y previniendo enfermedades,
principalmente mediante un
planeamiento interdisciplinario y
transdisciplinario con el fin de
analizar los problemas y las
situaciones existentes. Hoy, lo que
más se debe considerar es el
desarrollo de la sociedad con la
aparición de prioridades sociales
nuevas reflejadas en los Objetivos
del Milenio.
Hay dos factores interrelacionados
que parecen ser esenciales en este
momento: el nuevo orden social
establecido en 1989 con la consolidación
de un tipo de globalización
que refuerza el poder de los polos
tradicionalmente dominantes y el
avance de las nuevas tecnologías.
La globalización afecta todos los
ámbitos en la vida de la sociedad y
la educación no es la excepción.
Generalmente, el modelo anglosajón
ha tendido imponerse.
Muchas universidades europeas,
incluyendo asociaciones de
universidades, siguen la universalización
de la Reforma de Bologna, la
cual en realidad implementa una
estructura similar a la implantada
en 1968 en Brasil y en otros países
de la región, de acuerdo con el
modelo norteamericano.
La cuestión de la autonomía es una
de las más complejas y sobre la que
algún control social es necesario. Su
misión debe basarse en ser un
importante instrumento para la
evaluación de cada institución.
Finalmente, otra cuestión es la
actual perspectiva de la educación
internacional y de la educación
para la paz en nuestros tiempos.
¿Qué puede la educación, y en
particular la educación superior,
hacer para fomentar la democracia?
La acción concertada es necesaria,
desde la etapa preescolar hasta los
cursos de postgrado. La cuestión
del conflicto de civilizaciones y la
necesidad de una alianza a través
del dialogo, se convierten en
factores esenciales en orden a
establecer mejores relaciones entre
las diferentes comunidades a nivel
nacional e internacional. De esta
forma, en diciembre de 2007, el
Consejo de Universidades de las
Naciones Unidas aprobó en España
la creación de un Instituto de
Información e Investigación sobre la
Alianza de Civilizaciones

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